El Virreinato de la Nueva Granada logró un notable crecimiento
económico durante la segunda mitad del siglo XVIII, que se frenó
desde 1808 con el colapso de España a causa de la invasión y la
guerra contra la fuerzas de Napoleón. El crecimiento luego se tornó
negativo debido a la interrupción del comercio, las cruentas guerras
de Independencia, la decadencia del esclavismo y el estancamiento del
comercio internacional, hasta 1850. La inexperta burocracia criolla
que remplazó a la de la Corona no tenía capacidad para solucionar los
problemas; de modo que la Independencia inauguró un largo proceso
de inestabilidad política que resultó muy costoso para la sociedad,
aunque se inició una serie de reformas fiscales y legales que empezaron
a modernizar la economía de la nueva república independiente.
El proceso de la Independencia produjo entonces costos y beneficios,
en contra de la visión sesgada y unilateral de los criollos de la
época y de los historiadores tradicionales, para quienes la Colonia fue
un período de atraso económico y de oprobio político, y la emancipación
el preámbulo de una historia republicana lineal y progresista
(Ocampo López, 2007, 201).

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