Aunque este intento por hacer un análisis de la cultura como un todo en la primera mitad
del siglo XIX parezca pretencioso, lo cierto es que este tipo de abordajes se hacen cada vez
más escasos y sólo se tratan partes de lo que la compone.
Y más difícil aún teniendo presente la ambigüedad de un término como cultura que el tema
de estudio configura como la reproducción de aquellos rasgos de actividad humana que son
determinados y transmitidos por una enseñanza socialmente condicionada (Harris, 1986, p.
17). Sin embargo, tal definición sigue siendo muy extensa para los límites de este escrito
por lo que pretendo enfocarme específicamente en los aspectos concretos o materiales que
la reflejan: modas, arte y fiestas. Manifestaciones no muy alejadas de lo que la sociedad de
principios del siglo XIX consideraba como cultura, un tipo de cultura humanística (San
Martín, 1999), sinónimo de civilización y progreso cuya configuración estaba dirigida hacia
la imitación de las formas culturales contemporáneas. Todo esto permite entrever las
formas de vida, formas de pensamiento y cambios en la cotidianidad que se esconden tras
ellas.
Por supuesto cabe la crítica de que muchos de los materiales que se usan aquí poco
muestran el mundo popular y por el contrario son reflejo de la élite. Se quedaría corto este
argumento pues significaría que estos dos mundos vivieron de forma totalmente aislada,
cosa que no es cierta. Así como se busca rastrear el impacto de la Independencia sobre estas
manifestaciones, ellas mismas nos muestran las infinitas interconexiones y entrecruces
entre el mundo de la élite y el mundo popular.

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